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Aceite de Oliva Virgen ExtraEl oro líquido del Mediterráneo

Aceite de oliva y vino

Dos productos varietales, pilares de la dieta mediterránea.

La pareja estrella de la dieta mediterránea

El aceite de oliva virgen extra es un producto gastronómico de calidad superior cuyos principios de elaboración se parecen a los del vino.

El vino y el aceite de oliva son los principales pilares de la famosa dieta mediterránea, cuyos beneficios no dejan de confirmarse científicamente, en un mundo en el que las enfermedades causadas por desequilibrios alimentarios son cada vez más visibles y suponen una parte creciente de las causas de mortalidad.

Puntos en común: el Mediterráneo, la elaboración, las variedades, los antioxidantes

Como la vid, el olivo es originario de la cuenca mediterránea, que sigue siendo su principal zona de producción. También empezó a cultivarse hacia el 4000 a. C., y su cultivo lo difundieron primero los fenicios y después los griegos y los romanos.

Viñas y olivos en ladera en el Priorat, Cataluña
Priorat: viña y olivo, uno junto a otro

Ambos proceden de un cultivo muy cuidado (cultivo en ladera, riego posible pero no imprescindible, escarda alrededor del pie, injertos, tratamiento de las enfermedades del árbol y del fruto, poda regular) y de un proceso mecánico de prensado (prensado del fruto, separación del zumo, la pulpa y las pepitas o huesos, filtrado).

Como el vino, el aceite de oliva puede elaborarse a partir de distintas variedades de aceituna, con características organolépticas propias. Tanto en el aceite como en el vino existen productos monovarietales de distintas variedades y coupages más o menos complejos de varias variedades.

Como el vino, el aceite de oliva contiene una cantidad relativamente importante de polifenoles, antioxidantes que desempeñan un papel importante en la prevención de las enfermedades cardiovasculares y de la oxidación celular.

La diferencia: el envejecimiento

El vino pasa por una fermentación alcohólica y después puede envejecer varios años en barricas de roble, lo que mejora sus cualidades organolépticas.

El aceite de oliva, por el contrario, no debe fermentar nunca, y cualquier envejecimiento supone una lenta degradación de la calidad del producto, tanto en su composición química como en sus cualidades organolépticas.