Los distintos tipos de fraude
El aceite de oliva es un producto fácil de falsificar, y su alteración es difícil de detectar a simple vista, por el olor o por el sabor. Además, en la inmensa mayoría de los casos, el consumidor solo puede oler y probar el aceite después de comprarlo. Como suele conocer poco el producto, se deja convencer por un envase, una etiqueta, un precio o los comentarios de un vendedor, pero a menudo desconoce la calidad real del contenido.
Hablamos aquí de fraudes, estafas, engaños o simplemente de aprovechar la falta de atención de algunos consumidores para venderles un producto sin que sepan exactamente qué compran.
El envenenamiento
Consiste en vender como aceite de oliva virgen extra un aceite adulterado, lampante o mezclado con productos tóxicos.
La estafa a gran escala
Es un engaño sobre la mercancía. Para simplificar, consiste en vender como aceite de oliva virgen extra de gran calidad aceite de oliva refinado, u otros aceites vegetales refinados y desodorizados, mezclados con un poco de aceite virgen extra y a veces con aromas sintéticos.
En enero de 2014, el New York Times afirmaba, en un reportaje gráfico publicado en su sección de «Opinión», que el 69 % del aceite de oliva importado de Italia y vendido en Estados Unidos estaba adulterado o presentaba defectos organolépticos que le impedían legalmente denominarse virgen extra.
También puede tratarse de vender como virgen extra un aceite simplemente virgen, o incluso un «aceite de oliva» (refinado y mezclado con aceite virgen). Vea las distintas categorías de aceite de oliva.
El engaño sobre la frescura del producto
El comerciante vende muy caro, a precio de aceite fresco, un aceite de oliva virgen extra pasado, que ha perdido por completo sus cualidades gustativas. Ocurre a menudo cuando el aceite se conserva mal (demasiada luz o calor, o desvirtuado por un tapón que no cierra bien), cuando se almacena en grandes bidones y se despacha a granel, o simplemente cuando se guarda demasiado tiempo, más de dos años. Se oxida y pierde todos sus componentes beneficiosos, su olor y su sabor, y a veces se vuelve rancio y desagradable. Sin embargo, sigue siendo comestible, sin efectos nocivos para la salud.
Es muy frecuente con las aceiteras rellenables de bares, hoteles y restaurantes, que se rellenan regularmente con garrafas de 5 o 15 litros, mucho más baratas. No siempre es un engaño voluntario: también puede deberse a descuido, error o desconocimiento del producto.
El engaño sobre el origen real y la elaboración
El caso típico es el de un aceite virgen extra vendido como «made in Italy» que en realidad procede de España o de Marruecos, o el de un aceite que se vende con la mención DOP sin tener derecho a ella, porque no se produce en la zona geográfica o porque la almazara no está inscrita en la DOP al no cumplir sus requisitos.
Puede ser más sutil y quedarse en los límites de la legalidad: una marca italiana o francesa vende un aceite virgen extra con un nombre, unos colores y un diseño que evocan regiones oleícolas conocidas de esos países, cuando el aceite procede en realidad de otro país, o de una mezcla de aceites de varios países. En ese caso no hay información falsa: el origen real figura, en letra muy pequeña, en la etiqueta. También está el caso de la mención de origen demasiado imprecisa («producido en la Unión Europea») y el matiz entre elaboración y envasado (un aceite elaborado en Marruecos y envasado en Italia, por ejemplo). Estas prácticas también son habituales en bares, hoteles y restaurantes que sirven el aceite en aceiteras rellenables.
¿De qué estamos protegidos?
La ley, las instituciones, los organismos públicos y privados de control y de represión del fraude, las asociaciones de consumidores y la rapidez con que circula la información nos protegen de los riesgos principales, pero siguen existiendo algunos vacíos legales.
El envenenamiento
El envenenamiento es un delito castigado con dureza, los controles sanitarios son muy numerosos y una intoxicación alimentaria tiene consecuencias tan dramáticas e inmediatas para el fabricante y el distribuidor que el acto voluntario es prácticamente imposible y la negligencia, excepcional.
La estafa a gran escala
La legislación europea es más estricta que la estadounidense en materia de aceite de oliva. Define con gran precisión y con criterios estrictos las distintas categorías de aceite de oliva (virgen extra, virgen, lampante, refinado y «aceite de oliva»), así como normas de elaboración. Los Estados miembros deben realizar al menos un control de conformidad por cada 1000 toneladas de aceite de oliva comercializadas al año.
Sin embargo, en la mayoría de los países europeos los controles y las multas siguen siendo insuficientes, y estos fraudes a gran escala (fraudes para unos, negligencias para otros) desgraciadamente siguen existiendo. A menudo son las asociaciones de consumidores o las revistas especializadas quienes los sacan a la luz, realizando los análisis que las autoridades no han hecho. Por ejemplo, en su número 425 de marzo de 2008, la revista francesa 60 Millions de consommateurs reveló que tres aceites de marca blanca (de tres cadenas distintas) se vendían como virgen extra, aunque los análisis químicos demostraban que no podían entrar en esa categoría, y uno de ellos ni siquiera era apto para el consumo (lampante).
En caso de fraude, los infractores reciben una triple sanción: multas elevadas, retirada de los productos y daño a su imagen. Pero hay que seguir alerta y desconfiar de los productos de gama baja a precios demasiado atractivos.
El punto débil de la legislación europea y de sus transposiciones nacionales es la ambigüedad del término «aceite de oliva», que designa un aceite lampante hecho comestible mediante refinado químico, al que se añade un poco de aceite virgen extra o virgen para darle sabor a aceituna.
El engaño sobre la frescura
Existe cierta indefinición al respecto. Como en la mayoría de los alimentos, la etiqueta debe llevar una fecha de consumo preferente, pero la ley no obliga a indicar la fecha de cosecha o de extracción. Bien conservado, el aceite de oliva prácticamente nunca deja de ser apto para el consumo: la fecha indica sobre todo hasta cuándo mantiene sus cualidades. Ahora bien, el ritmo de oxidación varía enormemente según la variedad de aceituna y las condiciones de almacenamiento. Algunas variedades, como la Picual o la Cornicabra, conservan sus cualidades gustativas cerca de cuatro años; otras, como la Arbequina o la Frantoio, rara vez superan los dos.
En cuanto a las aceiteras rellenables de bares, hoteles y restaurantes, la Comisión Europea propuso en 2013 imponer envases irrellenables, con tapón dosificador como en las bebidas alcohólicas, pero retiró la propuesta ese mismo año. La obligación sí existe en varios países:
- en Portugal, desde la Portaria 24/2005;
- en España, desde el 1 de enero de 2014 (Real Decreto 895/2013);
- en Italia, desde el 25 de noviembre de 2014 (Ley 161/2014).
El engaño sobre el origen real y la elaboración
El Tribunal de Justicia de las Comunidades Europeas consideró que la obligación sistemática de indicar el origen de los productos importados podía favorecer a los productos nacionales en detrimento de los importados y constituía, por tanto, un obstáculo a los intercambios contrario al Tratado europeo. Desde 1986, ninguna disposición nacional o comunitaria impone así el marcado de origen en los productos fabricados en la Unión Europea o importados, salvo raras excepciones (frutas y hortalizas, carnes, piensos…) y salvo riesgo de confusión que pueda inducir a error al comprador sobre el origen o la procedencia de la mercancía. Las banderas, emblemas o nombres, en particular, pueden generar confusión, y ningún signo debe dar a entender que un producto importado se ha fabricado en el país de destino.
El origen francés, por ejemplo, lo confiere la última transformación sustancial del producto. En el caso del aceite de oliva, esto significa que si las aceitunas vienen del extranjero pero el aceite se extrae y se envasa en Francia, será aceite de oliva «made in France». El marcado de origen es responsabilidad exclusiva del fabricante o del importador; sin embargo, toda mención falsa o que pueda inducir a error al consumidor sobre la procedencia de un producto constituye una infracción.
Además, no es obligatorio indicar el país exacto de producción: basta con las menciones «aceite de oliva de la Unión Europea» o «aceite de oliva no originario de la Unión Europea». Por ejemplo, si la marca Puget, asociada a un origen francés, comercializa con su nombre un aceite de origen español, deberá al menos indicar que el aceite procede de la Unión Europea, para que el consumidor no lo asocie por error a un producto fabricado en Francia.
En conclusión, aunque las indicaciones falsas son poco frecuentes, porque están relativamente controladas y muy penalizadas, la ausencia de indicaciones precisas, o las indicaciones voluntariamente lo más vagas posible dentro de los límites de la ley y la jurisprudencia, son prácticas habituales.
¿Cómo comprobar la calidad y el origen de un aceite leyendo su etiqueta?